Informalismo, pintura automática, gesto pictórico rápido y sin concesiones a la intervención de la razón, que deja sobre el lienzo una caligrafía salvaje de extensa riqueza y variedad que nos mantiene cautivos y nos reclama con su belleza sin que podamos ser indiferentes a todos los gestos singulares, distintos entre sí, que se nos evidencian repentínamente en ese asombroso y nítido universo infinito de color, y que registran las turbulencias íntimas que las han hecho surgir, acaso en un estado de trance o en arrebatos inconscientes de emotividad.
«Conocí al arquitecto, dibujante y pintor Juan Antonio Barrenechea, adscrito a poéticas sorollescas. Y a decir verdad que no lo hacía nada mal porque es buen dibujante y amante del color y la pintura. Pero ¿Qué podría aportar al arte y así mismo, desde ese camino demasiado cercano al del gran maestro? Y le propusimos un salto, no en el vacío sino en la creación y experimentación desde sus propias coordenadas, un salto hacia el dibujo creativo de arquitecturas y retratos, y a la pintura expresionista abstracta con componentes entreverados figurativos.
Y poco apoco fueron surgiendo espacios para la contemplación y la belleza inspirados en Tiépolo y los grandes maestros del renacimiento italiano. Y así han surgido hermosos lienzos que cubres espacios públicos, Metropolitan de Donostia, Universidad del País Vasco, Obispado de Sam Sebastián, Gobierno Vasco, y una buena colección de lienzos llenos de delicados colores y texturas llenos de colores y sonidos.»
Edorta Kortadi Olano. Crítico de arte. 2023